ENTUSIASMO O ACHAQUES
Para el geriatra Aldo Guevara D’Aniello, las
personas que aceptan la vejez como un proceso natural son gente que se acopla
al medio con gran entusiasmo y equilibrio, sobre todo, viven lo que tienen por
delante. No son amargadas, sino, al contrario, siempre encuentran alguna
lección que extraer a los acontecimientos de la vida cotidiana. Generalmente,
agrega, realizan una actividad aunque no sea remunerada con la que contribuyen
al desarrollo de su colectividad. Incluso están actualizadas en tiempo y
espacio, es decir, saben en qué día están y conocen acerca de las noticias,
fechas o celebraciones, pues siempre están activos, con proyectos que jamás
terminan.
“Son
individuos que tienen claro que saber vivir es un arte que muy pocos reconocen
que obliga a un constante entrenamiento. Y quienes asimilaron bien las etapas
de la vida como niñez, adolescencia y vida adulta son las que sacan el mayor
provecho a la tercera edad, porque en ella también hay detalles propios que
disfrutar”, asegura.
También,
dice Guevara, son personas que se trazan metas tanto para la jubilación y el
tiempo libre como para morir o despojarse de aquello que es inservible y que se
va acumulando a través de las décadas. Incluso, no les importa que les digan
viejos, y adicional a ello hacen ejercicio físico, porque entendieron que es
necesario y saludable.
Sin
embargo, quienes no aceptan la vejez reniegan y la equiparan con la enfermedad.
“Nunca entendieron que los “achaques” son gajes del oficio, que hay que ser un
poco patojo, un poco cegato, un poco sordo”, asegura Guevara.
Hombres vs. Mujeres
Además, no buscan mejorar su entorno, adquieren hábitos insanos en cuanto a comida y aseo personal, se aíslan, se desorientan y desperdician oportunidades. Y hacen causa común con los similares para lamentarse por un pasado aparentemente mejor.
Según la psicóloga clínica Cecilia Chávez de
Larrea, se cree que el envejecimiento afecta más a la mujer, pero no es cierto.
Así como ella tiene su crisis en el climaterio, el varón pasa por la
andropausia y, sexualmente, es mayormente desfavorable para este.
“Las mujeres deben saber envejecer con gracia y
usando sus atractivos, pero no solo los externos, y sin descuidar su
presentación personal. Quien no tiene seguridad de todos sus encantos y siempre
valoró su belleza externa, va a pasar por dificultades aceptando el paso del
tiempo. Hay las que se visten ridículas, lo que las hace ver aún mayores”.
En realidad, dice Guevara, lo que tiene que hacer
el individuo es diferir aquellos signos propios del envejecimiento para
alcanzar una tercera edad activa y productiva. Por eso, es necesario conocer
cómo es la vejez normal y la patológica, hacer su diferencia y buscar las
soluciones que la sociedad brinda a los añosos.
“Como primer paso es mirar la vejez del vecino, en
otras palabras cómo se deterioran los demás para no caer en lo mismo. El mejor
espejo son nuestros padres, abuelos o tíos, que generalmente marcan la
tendencia familiar en ese campo”, concluye. (S.M.de.C)
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