martes, 7 de octubre de 2014

Acepto mi Vejez Felíz

Hay personas que son capaces de llevar a la vejez manteniendo el  espíritu joven. Esto dependerá de cómo se cuiden y valoren, es decir de su autoestima.

Si bien envejecer en un fenómeno natural que todos viviremos, en algún momento determinado nos llega aunque no lo deseemos. Hay que saber que hay una diferencia en la forma en que envejecemos, pues aunque es un fenómeno global el proceso es meramente particular y dependerá mucho de las individualidades de cada uno como factores biológicos con los que ya nacemos o factores del ambiente en el que nos desarrollamos.

Sin embargo, en nuestra realidad muchas personas aprenden desde pequeños que hay que evitar verse viejo, pues la pareja puede cambiarlo por otra persona más joven y que el aspecto físico es más importante que el amor o los valores.

Según la doctora Beatriz Gómez Sarmiento, especialista en psicología clínica y terapeuta familiar y de pareja, esa forma de pensar proviene de los ejemplos que se han vivido en la familia, cuando mamá o papá pasaban de manera exagerada en el gimnasio para mantenerse jóvenes. Incluso fueron testigos de cómo alguno de ellos se sometió a alguna cirugía plástica para evitar que le afecte el paso de los años.

Otra razón de preocupación es que generalmente en algunos trabajos despiden o no aceptan a los adultos mayores, aduciendo que los jóvenes tienen nuevos conocimientos.
En realidad, aceptar o negar la vejez depende del nivel de autoestima, dice Gómez, es decir de la valoración que tenga cada ser humano de sí mismo. “Si este sabe cuánto vale, que es admirado, respetado, querido, que está en paz consigo mismo y que se preocupa por ser mejor persona, es alguien que no le importa que la vejez le llegue, sobre todo, porque con sabiduría ha aprendido a aceptar la realidad”.


Este tipo de personas, agrega, son las que a pesar de envejecer físicamente tienen un espíritu joven, se sienten jóvenes a pesar de estar en sus años dorados, pues siguen viviendo, disfrutando de todo lo que tienen, y aceptan que pudieron haber hecho más, pero no lo hicieron, y comprenden que lamentarse no les sirve de nada.

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